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Mar

Jonathan Schwartz y las patentes de software

jhonathanschwartzHace un par de días, Jonathan Schwartz, ex CEO de SUN, ha “rajado” en su blog acerca de las patentes de software.

El bueno de “Ponytail” viene a decir que comprende el poder de las patentes de software con un carácter defensivo más que como una fuente de obtener ingresos. O, lo que es lo mismo, que recomienda que las compañías patenten sus “nuevas tecnologías” como pollos sin cabeza porque, en algún momento, cualquiera -incluidos posibles demandantes- utilizará alguna de tus patentes y eso puede protegerte de sus futuras demandas.

Para ilustrar sus ideas, Jonathan “saca pecho” y cuenta algunas batallitas de abuelete, como cuando Steve Jobs quiso intimidarle para que SUN no comercializara un producto que “supuestamente” infringía patentes de Apple y él contraatacó con las evidentes similitudes entre Concurrence -un software de presentaciones creado por la anterior empresa de Schwartz, Lighthouse Design- y Keynote.

Una anécdota similar es la que sufrió cuando Bill Gates y Steve Ballmer le hicieron una visita para intentar cobrar por cada copia descargada de OpenOffice y Jonathan les recordó la ristra de patentes de java que había infringido una tecnología como .NET.

Por fin, alguien habla alto y claro sobre la absurdez a la que se ha llegado en las patentes de software… aunque hayan tenido que  despedirle de SUN para que lo haga. No obstante, el blog de Schwartz se titula -literalmente- “Lo que no podía decir” y el famoso artículo de marras “Los buenos artistas copian. Los grandes artistas roban“, frase que el mismo ha tomado prestada del gran Pablo Picasso.

Yo creo en las patentes de software, pero sobre productos terminados y completos o incluso sobre complejos algoritmos que aporten valor, pero, ahora mismo, hay compañías como Amazon con patentes sobre supuestos procesos de negocio -como el one-click buyin- que están basados en algo tan neutral y disponible como el uso de cookies. O, lo que es peor, intentando patentar características. Como cuando Microsoft intentó patentar el hecho de que un procesador de texto muestre y permita editar al mismo tiempo el contenido de la página, el pie y la cabecera.

La pregunta que Jonathan no nos contesta en su artículo es: ¿Y cómo quedan las pequeñas compañías y desarrolladores independientes en todo esto? Porque, evidentemente, no todo el mundo tiene la capacidad y posibilidad de iniciar innumerables y costosos procesos de patentado internacional por cada algoritmo o solución que se le ocurra ¿Cómo reaccionaríamos cualquiera de nosotros si Steve Jobs o Bill Gates nos llamase para amenazarnos con un litigio de proporciones bíblicas? ¿Hubiera sido tan “machito” Schwartz sin la fuerza de SUN detrás de él?



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